Manolo esbozó una sonrisa sardónica.
—Así que, según tú, ¿está bien vender a tus hijos por tu carrera?
De niño creía que su padre era un hombre íntegro. Ahora se daba cuenta de que lo había visto a través de un filtro que lo hacía parecer grandioso.
Juan, al oír esto, ensombreció su rostro.
—Manolo, no creas que porque ahora tengas alas fuertes ya no puedo controlarte. Tu relación con Milena solo puede avanzar, no retroceder. ¡Fuera de aquí!
Manolo le dirigió una mirada profunda antes de marchar