—¡Papi, te quiero! —la hermosa pequeña hizo un puchero y formó un corazón con sus regordetas manitas sobre su cabeza, luciendo adorable.
—¡Papi ama más a Abril! —respondió Miguel con ternura en su mirada.
Antes Laura lo acusaba de ser frío, de no saber amar. Desde la llegada de Abril, se había esforzado por aprender a amar. Si hubiera otra vida, definitivamente amaría a Laura como se merecía.
Al pensar en Laura, sintió un dolor punzante en el pecho que lo hizo palidecer y sudar.
Al verlo sufrir,