—Miguel, ¿qué necesitas para dejar en paz a Jenny? —Luis insistió al ver que Miguel no respondía.
Miguel lo miró fijamente:—Este es su destino y nadie puede cambiarlo. Puedes irte.
Luis palideció ante la frialdad de sus palabras:—¿Por qué eres tan despiadado?
Miguel no respondió y subió las escaleras.
Laura solía decirle que era frío. No le importaba. Desde pequeño solo conoció personas frías, sin sentimientos.
Luis observó cómo desaparecía en el segundo piso. Cerró los ojos, respiró profundo pa