El aire parecía congelado mientras ambos se enfrentaban, cada respiración sonaba extraordinariamente pesada en medio de la tensión.
Jenny, apenas procesando el significado de las palabras de Miguel, no pudo contener el pánico y la ansiedad que la consumían. Se abalanzó hacia él, aferrándose desesperadamente a su brazo mientras su voz temblaba con una súplica desesperada: —Miguel, ¡me prometiste que te casarías conmigo! ¿Cuándo? Ahora mismo, ¿sí? Te lo ruego, ¡no quiero ver a nadie más sufrir por