Laura se mordió el labio, pensativa. Antes de que pudiera decir algo, la voz angustiada de Mario resonó por la habitación:
—¡Señor Soto, el señor Montero está empeorando!
Laura sintió que el pánico se apoderaba de ella mientras consideraba las consecuencias de seguir perdiendo tiempo. Si algo le pasaba a Santiago, jamás podría perdonárselo, pero la idea de regresar con Miguel y volver a esa vida anterior le resultaba igualmente insoportable.
—¡Entonces tírenlo afuera! —espetó Miguel con rostro i