—Tengo una emergencia en casa y debo irme. ¡Lo siento! —la actitud amable y la expresión suave de Manolo hicieron que Milena se sintiera avergonzada de sus sospechas—. Si es una emergencia, ve rápido.
—¡No se preocupe, me aseguraré de que Milena llegue segura a casa! —Alonso se golpeó el pecho, prometiendo, como temiendo que Manolo no confiara en él.
—¿Está bien, Milena? —aunque Manolo tenía prisa por irse, no lo demostró, preguntándole con gentileza.
Quizás por la dulzura del hombre, Milena asi