Ahora Laura ya no sentía nada por él, y esto le resultaba irritante.
Ni siquiera entendía qué le estaba pasando.
El sonido del celular interrumpió sus pensamientos. Miguel atendió la llamada.
—Señor Soto, encontramos a los otros dos mercenarios, pero... les arrancaron la lengua brutalmente y les quebraron las extremidades. ¡Son prácticamente muertos vivientes! No pueden hablar ni escribir, ¡no hay forma de sacarles información! Quien hizo esto es verdaderamente despiadado —la voz al otro lado de