—No tengo lugar allí, mejor no voy —había melancolía en la voz del hombre.
—¿No quieres ver a tu madre?
—Sé que está bien con los Montero.
—¿Por qué no te la llevas contigo? Tienes los medios para mantenerla, ¿no?
—Con los Montero tiene a alguien que ama, mientras que conmigo no tendría a nadie. Si la obligo a estar conmigo, solo se marchitaría —era el camino que su madre había elegido voluntariamente. Si la forzaba a irse, no sería feliz y su vida se acortaría. No tenía sentido.
Miguel permanec