Laura se sentía mal por haber puesto el altavoz. Era como infligirse dolor a sí misma.
—El doctor te advirtió que no te alteraras. Si no obedeces, ya no me ocuparé de ti —cuando Miguel mencionó nuevamente dejarla, Jenny se asustó y suplicó ansiosa: —Miguel, no estoy alterada, obedeceré al doctor, ¡no me abandones!
Quería llorar pero no se atrevía por las palabras de Miguel, su voz contenía un sollozo reprimido.
—Bien, tengo que trabajar. Descansa un poco, iré a verte cuando tenga tiempo —Miguel