Desde su primer día en Vértice, ella había sido una don nadie que solo llegó hasta donde está gracias a la protección de Laura. ¿Cómo podría aceptar sus disculpas?
—Lo que fui antes en Vértice y lo que seré después, basta con que solo tú lo sepas. ¡No se lo digas a nadie! —Laura sonrió con agrado—. ¡Y nada de señora Soto, sigue llamándome Laura!
Después de todo, "señora Soto" no era más que un simple título, nada especial.
Manuela aceptó mecánicamente —¡Está bien!
No pudo evitar pensar en cómo t