En la habitación no había señales de forcejeo: o bien Jenny conocía a sus captores y los siguió de manera voluntaria, o eran profesionales, guardaespaldas quizás, que actuaron con rapidez y eficiencia para someterla.
Miguel frunció el ceño profundamente.
Mientras tanto, en otra habitación, Patricia no podía quedarse quieta, revisando constante su teléfono.
¡¿Por qué no había noticias?!
¿Los habrían descubierto?
En ese preciso momento sonó su teléfono.
Patricia se sobresaltó demasiado y contestó