Al ver su brazo hinchado, Jenny casi se desmaya del susto.
¿La había mordido una serpiente? ¡¿Acaso iba a morir?!
Jenny, sin atreverse a pensar más, llamó desesperada a Miguel.
Una, dos, tres veces...
Llamó más de diez veces seguidas.
La cabeza comenzaba a darle vueltas.
Temiendo quedarse dormida y no despertar jamás, siguió llamando desesperada a Miguel mientras rogaba en silencio: ¡contesta el teléfono por favor!
¡Si no contestaba pronto, moriría!
Por fin, se escuchó la voz impaciente del homb