En la mansión de los Sokolov, Anya se encontraba sentada en el enorme ventanal de su habitación con su pequeño Yuri en brazos. Una sonrisa plácida adornaba sus facciones mientras observaba el enorme parque con jardines y fuentes que rodeaba la propiedad.
Por una vez, sentía que la vida comenzaba a sonreírle una vez más, después de tanto dolor y sufrimiento, su abuelo, aquel a quien más había amado y venerado, finalmente le devolvía el cariño lejos de reproches, difamaciones y del supuesto desho