A la mañana siguiente, Alexei había llamado a Anya para hablar con ella. Él la miraba fijamente.
—Anya —comenzó con voz grave— tenemos que presionar para que las autoridades actúen pronto en contra de Viktor, aunque la cárcel se me hace un castigo insuficiente para él.
Anya lo observó con tristeza reflejada en sus hermosos ojos almendrados. Una solitaria lágrima rodó por su mejilla mientras asentía lentamente.
—No me canso de reprocharme lo ilusa que fuí al pensar que Viktor era un buen hombre