La noche había caído sobre la imponente mansión Sokolov, sumiendo sus elegantes fachadas en sombras inquietantes.
En la opulenta sala de estar, Francesca y Sonya esperaban con rostros sombríos el regreso de Viktor.
De repente, la puerta principal se abrió, revelando la figura alta y elegante de Viktor, pero antes de que pudiera dar un paso dentro, Francesca salió a su encuentro con expresión decidida.
—Viktor, tenemos que hablar —anunció sin preámbulos, sus ojos azules brillaban con angustia— e