Dos semanas después, Anya, Viktor, Francesca y Solé, estaban en la clínica esperando impacientes que les entregaran al pequeño Yuri para llevarlo a casa.
—Estoy feliz, por fin podré llevar a mi solnyshko conmigo —dijo Anya con una sonrisa radiante, usando la palabra rusa de cariño para su "solecito".
—Todos estamos felices, ese malen'kiy (angelito) será la alegría de nuestro hogar —expresó Francesca abrazando a Anya con afecto.
Anya les devolvió una sonrisa a medias, ocultando sus verdaderos