Viktor se acercó a Anya con pasos medidos, su rostro era una fría y engañosa calma. Pero ella podía ver la tormenta furiosa rugiendo en sus ojos, la tensión en su mandíbula apretada.
—Te hice una pregunta, Anya —siseó peligrosamente— ¿Es verdad que te reuniste con Anatoly Petrov a mis espaldas? ¿Y bien?
Anya tragó saliva, su corazón latía aceleradamente, sabía que no podía mentirle, no con Katrina como testigo. Pero tampoco podía delatar a Anatoly, exponerlo a la ira ciega de Viktor.
—Yo... me