Después de esas limitadas opciones, no tengo otra opción que quejarme por tener el infortunio de ser útiles para ellos en su negocio retorcido, porque ya lo aclararon: no me aman y no tienen la intención de hacerlo.
Suspiro indignada por la suerte que tengo, mientras ellos se bañan usando el único baño que hay aquí. Mi mente, después de perturbarse tanto por los hombres que se aferran a mí, sin decirme su motivo, termina pensando en lo que no debe.
Porque solo cuando me agoto por pensar en sus