Sin tener la oportunidad de dudar si soy la presa o no, ellos me observan con enojo, por la respuesta que les he dado, por eso, trago duro implorando que no me lastimen ahora que todo mi cuerpo duele.
Aunque si lo hacen, lo tengo muy merecido, porque yo no debí venir al baño por estar pensando cosas pervertidas entre ellos. Dicen que la curiosidad mató al gato y yo… soy ese gato que está a punto de morir.
— Chicos…
— Marcela, creo que no has entendido, nosotros no te estamos dando la opción que