Chris.
—No puedo con esto... —Hundí mi cabeza sobre la mesa—. Tú... ¿Crees que la obligué? Mierda, me tiene demasiado loco, no sabes lo que hice cuando regresé a mi habitación.
—¿Y entonces por qué lo hiciste si ibas a arrepentirte? —cuestionó Deus, suspirando—. Mejor no des detalles de lo último, por favor —Puso su mano en forma de pared—. No deseo saber cuántas veces te masturbaste anoche.
Estábamos en el bar como de costumbre ya que a veces tenía que supervisar que todo estuviera en orden, y