Lilia.
Me sentía segura al lado del oficial, así que agaché la cabeza para que la mayoría de invitados no me reconocieran.
Tenía que admitir que estaba cagada de miedo porque no sabía qué me podía hacer Chris si era descubierta. El hombre abrió una puerta y me indicó que entrara.
—¿Crees que puedas esperar aquí? Le avisaré a mis hombres de lo sucedido para que puedan ayudarte —inquirió, con seriedad.
—¡C-claro!
—Bien, ya regreso.
Él cerró la puerta y detallé el interior con mis ojos. Se trataba