Chris.
Ya habían pasado dos días y Lilia hacía lo posible para no dirigirme la palabra. Ella estaba en su habitación, mientras yo andaba en mi oficina con Deus.
—Estoy seguro de que con el tiempo se acostumbrará —dije.
—Chris, ella ha intentado escaparse dos veces ya —Rodó los ojos—. Los barrotes de las ventanas estaban casi consumidos, y pensar que usó una lima para hacerlo —Suspiró, incrédulo.
—Le estoy dando comida de calidad, justo hoy le llevaré ropa y unos peluches para que se divierta, ¿