— No lo hagas…por favor…no lo hagas — suplico Juliette al ojos de cielo al notarlo llegar y caminar hacia su sirviente completamente enfierecido, aun cuando no entendía bien lo que sea que estuviese pasando, ella también había sido testigo de aquel beso que Alfred le había dado a esa mujer extraña.
— ¿Porque no lo haría? Ekaterina es mía — dijo Fernand sumamente dolido sin terminar de darse cuenta de que era la misma Juliette Lambert quien lo había detenido.
Juliette no entendía lo que Fernand