Edmond estaba más que fascinado por la actitud desafiante de la hembra que, sabia, ambos deseaban, en sus muchos años de vida, y siendo considerado aun un lobo joven, nunca conoció a una mujer como esa, ni humana ni lobezna, ellas simplemente se sometían al alfa que las reclamaba sin rechistar, y está joven mujer humana, se atrevía a desafiar a un hombre tan intimidante como lo era Beaumont, aunque era perfectamente consciente de que era su jefe y un hombre demasiado importante en toda Francia,