La mañana llegaba tan molesta como siempre, no había razón alguna que lo hiciera amar la luz del día, era, después de todo, un lobo, un ser de la noche que no disfrutaba del sol con demasiado ánimo.
Abriendo los ojos, Fernand Beaumont se incorporaba en su cómoda y lujosa cama, mirando hacia la nada y aun sintiendo aquellas sensaciones que su demasiado húmedo sueño le había regalado, necesitaba ducharse, bajar aquel animo demasiado levantado con el que había despertado, despojándose de sus pijam