Mundo ficciónIniciar sesiónEn la mansión Toledo, Alejandro entraba al estudio de su padre, Ricardo.
—¿Me has mandado a llamar padre? — cuestionó Alejandro.
El viejo hombre de tozuda apariencia asintió.
—Si, pasa hijo, tenemos que hablar de algo importante, me han dicho que tu hermano Fernando, ha regresado inesperadamente el día de hoy después de haber pasado tres años en Italia. — dijo Ricardo con seriedad.
Sorprendido con la noticia, Alejandro se sentó frente a su padre.
—¿Crees que ha venido a pelear nuevamente por su parte de la herencia? — cuestionó.
Ricardo negó.
—No lo sé, Fernando es impredecible, realmente nunca sé que esperar de él, después de todo se parece a su madre, es igual de insensato y terco, podría venir a pelear por lo tuyo o tan solo venir a visitar cada burdel en el área, nunca se para donde apuntará su comportamiento, él no es como tú, bueno, tranquilo y sobre todo sensato. Me han informado que finalmente has decidido desistir de casarte con la hija mayor de Mendoza, y has tomado como nueva prometida a su hija menor quien va a heredarlo todo, esa es sin duda la mejor elección que pudiste hacer. — dijo Ricardo con seriedad.
Alejandro asintió sin responder nada; realmente su plan era tan solo casarse con Ainara debido a su enfermedad terminal, un terrible cáncer que le estaba consumiendo los pulmones, sin embargo, cuando ella muriera, el regresaría por Aitana a quien realmente amaba y se casaría con ella una vez que la fortuna de los Mendoza terminara en sus manos.
—Si, padre, eso es lo más sensato. — respondió Alejandro.
No sabía porque razón era que Fernando había regresado después de tanto tiempo, se había marchado después de que su compromiso con Aitana se hizo saber, y regresaba justamente ahora que habían terminado. No era ningún tonto, conocía muy bien los sentimientos que su mayor albergaba hacia su ex prometida, pues Fernando nunca se esforzó realmente en ocultarlo ante él, su vieja rivalidad y odio hacia su mayor mayor seguía avivada, pues Fernando siempre lo había hecho sentir diminuto a su lado, por ello, se había esforzado porque todos pensaran lo peor de él, incluida Aitana. No le iba a permitir acercarse a ella, jamás.
En el estacionamiento del hospital, Fernando observó a Aitana marcharse apenas una media hora después de dejarla sola, sonriendo, se preguntó si ella sospecharía que él había sido quien dejó su cuenta médica completamente pagada. Por supuesto, no lo sospecharía; su hermano mayor se había encargado de esparcir rumores sobre el en la alta sociedad para cerrarle puertas después de que su madre murió, pero en la realidad él no era ningún miserable, pues con la pequeña fortuna que heredó de su madre, había abierto su propio gran negocio de autos que en aquellos años se había vuelto bastante prospero, llegando incluso a competir con las marcas más populares, incluyendo a la marca Mendoza que pertenecía a la familia de Aitana, sin embargo, había permanecido como el dueño anónimo de la reconocida marca todo ese tiempo.
—Si aceptas ser mía, Aitana, entonces mi venganza estará cumplida, y yo tendré lo que siempre quise, a ti. — dijo Fernando para sí mismo para luego subir a su lujoso auto deportivo.
Aquella mañana se sentía diferente, el cielo gris y el aire frio anunciaban que el otoño ya había dado comienzo, y Aitana caminaba usando un collarín hacia su trabajo; su viejo auto, el que su madre le había regalado cuando ella era apenas una adolescente, había terminado hecho una ruina después de su accidente, y no podía permitirse el repararlo o comprar uno nuevo.
La vida parecía pintarle mal, como muchas veces antes le había pasado, ya no podía usar nunca más legalmente el apellido Mendoza, y esa mañana había tenido que acudir a las oficialías correspondientes a poner en regla toda su documentación, o podría tener riesgo de perder incluso su trabajo.
Entrando finalmente a su consultorio, Aitana se sintió un poco más a salvo; su padre y hermana jamás acudían al hospital para molestarla, pues al ser un hospital de gente ordinaria, ellos se sentían ofendidos. Sentándose tras de su escritorio, acomodó su bolso notando aquella tarjeta que sobresalía entre sus cosas, tomándola, vio en ella el número de Fernando Toledo, y quiso romperla, sin embargo, no se atrevió a hacerlo.
Aquella propuesta que el mayor de su ex le había hecho, superaba por mucho a todo lo que era razonable. Por supuesto, quería vengarse e iba a hacerlo, pero no con la ayuda de ese hombre al que apenas y conocía un poco. Fernando siempre le había parecido mucho más alegre y amigable que Alejandro, con una picardía y entusiasmo que su ex no tuvo jamás, pero aquellos rumores que sobre él se decían, la hacían temblar; esa fama de jugar con las mujeres y luego botarlas, de ser un ludópata y alguien generalmente tan despreocupado de la vida, chocaba con ella que siempre había sido seria y entregada a sus estudios y proyectos; solo imaginarse casada con alguien así la hacía sentir escalofríos.
No había manera en que ellos lograran entenderse, además, estar con alguien tan físicamente parecido a su ex le resultaba incomodo y doloroso…pues ella, aún seguía amando a Alejandro.







