La ciudad se había coloreado de rojo, y al atardecer, un sin final de parejas caminaban en las calles y los enrojecidos parques. Era un día como cualquier otro, se acercaba el Halloween, y el otoño, la llamada época más romántica, se respiraba en el aire. Aitana se sentía asqueada; nunca más volvería a celebrar ese día que tan solo le traía malos recuerdos. Sacando su perfume, rocío un poco a su alrededor antes de seguir caminando hacia donde Fernando Toledo la había citado.
— Bien, mi barrera