Desde muy joven, Ainara escuchaba a su madre decirle lo hermosa que era, lo brillante que era, así como le juró siempre que ella era la única heredera del imperio que los Mendoza habían creado. Aitana creció bajo su sombra, siempre forzada a estar humillada ante su grandeza y eso jamás debiera de haber cambiado, pero Aitana se había salido de su papel por completo. No lo soportaba, no podía soportar la idea de que su hermana mayor intentará ser mejor que ella, porque su lugar siempre había esta