—Aitana… — Julia se detuvo a un par de metros de donde la castaña era abrazada por Fernando, el mismo hombre que la interceptó cuando ella pretendía dirigirse a toda prisa al que fuera el hogar donde creció junto a sus padres…que no lo eran realmente, y donde sabía que reposaba el cuerpo inerte de su madrastra. Julia se abrazó a ella misma y casi lloró al ver a su casi hermana apretar la ropa de Fernando, mientras escondía su rostro en el pecho del rubio tatuado.
Aitana estaba temblando.
—M-Mi