—No. — dijo Aitana tajante, y desvió el rostro, incómoda. — Ayer no solo yo aparecí en esas fotos viejas de nosotros que se repartieron como si fueran volantes, también estabas tú, y, sin embargo, nadie te juzgó a ti como si lo están haciendo conmigo. Ese beso fue robado, tú me besaste a la fuerza, y aun así no alzaste la voz para aclararlo, preferiste huir, ¿Cómo esperas que confié en ti después de todo esto? Estas saliendo con esa mujer que me está haciendo daño, y tú no estás haciendo nada q