Aitana cerró el libro donde estaba guardando todas sus investigaciones, y después de guardar sus cosas, paso de largo a aquellas estudiantes que estaban hablando mal de ella; los rumores sobre ella y Fernando, aunque infundados, ya se habían regado como la pólvora por toda la ciudad, e incluso a otras universidades vecinas, y nada se podía hacer al respecto pues sus planes de revelarse como la dueña de aquel lugar, aun tenían que esperar alunas semanas para concretarse. Apresurándose para salir