Iba a ganar, a cualquier precio, iba a ganar, y luego, iba a deshacerse de Ainara para recuperar a su amada Aitana, no lo aceptaría de otra manera.
Fuera del hospital, Aitana se recargó un momento en uno de los muros. Debía dejar a Augusto allí para que sufriera solo, pero después de lo que el médico le había dicho, sentía el deber de no dejarlo solo. No iba a perdonarlo jamás, pero tampoco podría perdonarse a sí misma si no hacia lo correcto.
— ¿Te encuentras bien Aitana? — cuestionó Fernando