—¿Qué clase de accidente puede dejarte el rostro así? —cuestionó Irum mirando el penoso estado de Libi.
La certeza de que él se mantendría alejado a causa de que su silla no podía cruzar la puerta del departamento duró bastante poco. Él llegó con una silla menos robusta y sofisticada, que entraba a la perfección en cada habitación.
No había lugar al que Irum Klosse no pudiera acceder, ni mentira que resistiera a su profundo análisis.
Con los ojos amoratados y los labios hinchados y rotos, Libi