—¿Te han comido la lengua los ratones?
En el despacho, Alejandro todavía parecía descolocado por la presencia de Libi allí. Miraba como si se hubiera equivocado de casa, pero no se atreviera a hacer patente su error.
—¿Me traes buenas noticias sobre Ángel?
Alejandro se acomodó las gafas, recuperando la templanza que siempre dominaba su expresión de hombre listo, pero demasiado aburrido para ser tan joven.
—Pensé que el plan era olvidarte de la señorita Arenquette.
—Así era, pero ella se las ha