—¡Dios mío! ¡No me digas que terminaste con Damien! —fue la eufórica reacción de Lucy al ver a Libi llegar con un vestido corto y coqueto.
No había visto tanta piel expuesta desde que eran niñas y se bañaban juntas.
—¿Por qué piensas eso?
—Porque dejaste de mostrar las piernas en cuanto empezaste a salir con él. Siempre pensé que te lo había prohibido.
—Son ideas tuyas —aseguró ella—, pero en algo tienes razón, ya no estamos juntos.
Lucy alzó las manos, victoriosa. Ahora tenía motivos para cele