El lado de la cama de Libi estaba frío cuando Irum se despertó. Ella no estaba en el baño, la sala, el comedor; no la vio deambulando por la terraza. La llamó y el teléfono sonó en el cajón del velador. La mujer vivía pegada al aparato y ahora salía sin él, m4ldijo entre gruñidos.
—¿Saben dónde está Libi? —le preguntó a las sirvientas.
Era su novia y debía preguntarle a otros por ella, se sintió como un imbécil.
—La vi salir hace un rato, llevaba ropa deportiva —le dijo Conchita.
Fastidiado, I