Las lágrimas de Libi fluían con abundancia mientras Lucy le contaba lo productiva que había sido la cita con Frank. El más feliz debía ser K, pues hablando se les había ido la noche y su cabeza seguía intacta y sin cuernos.
Libi también se sinceró con Lucy y, al terminar de charlar, Herbert Klosse tenía un enemigo más.
—¡Ese perro infeliz! Qué suerte tiene de haberse caído, debería estar en la cárcel, pudriéndose por todo lo que ha hecho. Y yo que estaba triste por Irum, pero él tiene razones d