—Vamos a tener una conversación de madre a hija —le dijo Libi a Espi cuando la llamó a la sala.
La niña se sentó junto a ella, abrazando a su conejito, y la miró con atención. Se había quedado con Lucy mientras su madre salía y ahora regresaba con los ojos rojos y el cabello despeinado. Quiso ordenárselo con los dedos, pero no se atrevió.
—Yo confío en ti porque eres una niña muy buena y quiero que me digas la verdad, no voy a enojarme.
Espi asintió. Con su teléfono, Libi le mostró una foto