Con toda la paciencia de su aletargada conciencia y lejos de querer provocar una confrontación en la que tenía todas las de perder, Libi fue a sentarse frente a Irum. Se esforzó en hacer contacto visual con él, conectar con sus sentimientos, que seguían teniendo eco en ella. Esperaba tenerlo en él también.
—Irum, tener un hijo es una decisión que nos compete a ambos —explicó con calma, como si le enseñara a sumar uno más uno.
—No —declaró Irum, enfático—. Tú no me preguntaste si quería ser pa