Sarah pasó todo el día sentada en silencio, acompañando a su esposo mientras trabajaba. No se aburría; se quedaba tranquila jugando con su teléfono, de vez en cuando ayudaba a su esposo con el trabajo en la mesa y, de vez en cuando, salía para molestar a su suegra.
"¿No tienes nada que hacer?" preguntó mamá María con fastidio cuando Sarah entró a la oficina y se quedó esperando a que la invitara a almorzar.
"No, por eso vengo a molestar a la abuela que está trabajando. ¡Vamos a comer, tengo ham