El viaje continuó, pero esta vez, Althea cabalgó con Gavriel en su caballo durante todo el día. Ella se sentaba frente a él, tensa e incómoda, mientras los fuertes brazos de él permanecían envueltos a su alrededor. Su agarre era firme, casi demasiado firme, y ella podía sentir el calor de su cuerpo a través de su espalda.
Cada vez que el caballo se movía, lo sentía a él detrás de ella, silencioso y constante. La cercanía hacía que le costara respirar y su corazón no dejaba de acelerarse.
Él no