Me metí en la ducha sintiendo que mi cuerpo comenzaba a temblar ligeramente.
— No. —gruñí entre dientes. —Basta, Alexander. — abrí la llave con fuerza, sin darle tiempo a mi cuerpo para reaccionar.
El agua fría golpeó mi piel, pero el efecto refrescante duró apenas un instante. Cerré los ojos, dejando que el agua cayera sobre mí en un intento de disipar los pensamientos que seguían rondando mi cabeza, pero era inútil. Ivy seguía ahí, como un eco insistente en el fondo de mi mente. Por un segund