El olor a sangre quedó atrás, pero aún lo sentía en el aire, pegado al pelaje, mezclado con el frío del amanecer. Caminábamos sin hablar, dejando que el silencio lo dijera todo. Cada paso alejaba los ecos del combate, aunque sabía que las sombras del cañón seguirían siguiéndonos por un tiempo. El viento cambiaba de dirección a cada curva, y el sol apenas alcanzaba a filtrarse entre las montañas, una luz pálida que no calentaba nada.
Ashen iba adelante. Su andar era constante, controlado, casi i