El hilo. Tenía un hilo.
La frase se convirtió en un mantra, un escudo contra la avalancha de pánico que amenazaba con ahogarme. Me aferré al nombre, "El Recolector", como un hombre moribundo se aferra a una raíz en el borde de un precipicio. Era vago. Era peligroso. Pero era mío.
Salir de El Foso fue más difícil que entrar. Ahora que tenía un propósito, cada sombra parecía esconder a un espía, cada susurro parecía pronunciar mi nombre. La paranoia era un manto helado sobre mis hombros. Caminé c