Mundo ficciónIniciar sesiónDespués de que su padre es acusado de un gigantesco robo por un Cruel y Poderoso CEO , Emily Watson decidí entregarle su vida a cambio de la libertad de su padre. Ahora este hombre despiadado que no tiene idea que es el amor, es el dueño de su cuerpo pero no de su corazón. ¿Que pasará? ¿Podrá Emily domar al despiadado CEO?
Leer másMiley llegó a Japón con el cansancio del viaje reflejado en el rostro, lista para presentarse ante miles de fanáticos. Al entrar a su suite de hotel, un sonido proveniente de la habitación contigua la hizo detenerse: eran risas y murmullos desinhibidos. Sabiendo que ese era el cuarto asignado a Dereck, la curiosidad y una punzada de sospecha la impulsaron a acercarse y llamar a la puerta. Para su sorpresa, la puerta se abrió y apareció una mujer alta, rubia y prácticamente desvestida, que se tambaleaba con la mirada perdida. —¡Wow! Eres Miley... la gran estrella —balbuceó la mujer con evidente estado de ebriedad—. Me encanta tu música... —añadió, casi perdiendo el equilibrio. Miley, conteniendo la respiración por la sorpresa, entró a la habitación. Al otro lado de la cama, vio a Dereck tirado, completamente desnudo y sumido en un profundo sueño. —¿Tú y él se acostaron? —preguntó Miley a la mujer, manteniendo una frialdad que la sorprendió a sí misma. —Sí... varias vec
Miley, con el alma desgarrada por la firmeza de Liam y asfixiada por la implacable presión de su padre, tomó la decisión de regresar a su realidad. Sin embargo, antes de subir al transporte que la alejaría de Santa Elena, caminó con paso pesado hacia el consultorio improvisado. Liam se encontraba de espaldas, fingiendo una absoluta concentración mientras ordenaba unos frascos de medicamentos para ocultar el temblor de sus manos. —¿Sabes?... Pensé que me amabas —le dijo Miley, con una tristeza que calaba los huesos. —Te amo —respondió él de inmediato, sin girarse, con la voz ahogada por un nudo en la garganta. —¿Entonces por qué no vienes conmigo? —inquirió ella, dando un paso al frente, con los ojos cristalizados. Liam soltó los frascos y se dio la vuelta despacio, sosteniéndole la mirada con una seriedad melancólica. —Porque allá afuera no hay nada real, Miley. Tú y yo vemos la vida de formas muy diferentes y, aunque nos amamos con el corazón, no pensamos igual. —Tienes mi
Miley y Liam quedaron paralizados, mirándose el uno al otro con la respiración entrecortada justo después de que sus labios se separaran. Ella, abrumada por la intensidad del momento, bajó la mirada por un instante antes de volver a alzar los ojos hacia él. —¿Tú crees que entre los dos pueda existir algo? —preguntó Liam en un susurro, rompiendo el silencio. —¿Por qué no? —respondió ella, sosteniéndole la mirada. —Porque tú y yo somos muy diferentes —explicó él, acortando la distancia—. Tú eres una superestrella, Miley, como esas luces que brillan allá arriba. Y yo... yo solo soy Liam, un médico sin fama. Miley no lo dejó terminar; se acercó y lo silenció con un beso tierno pero firme. Al separarse, lo miró con una sonrisa traviesa. —¿Sabes? Eres lo mejor que me ha pasado. Y bueno... sé que no eres un galán de Hollywood como los que acostumbro a ver, ¡y además eres tan engreído! Pero... Al ver que Liam la miraba con una seriedad fingida, Miley soltó una carcajada. —¡Es una
Liam se encontraba atendiendo a los pacientes de la aldea cuando Miley, caminando con paso lento y aún muy adolorida, se le acercó. —¡Tengo hambre! —le reclamó de manera exigente, cruzándose de brazos. El médico hizo como si no la escuchara y continuó concentrado en su labor. Miley suspiró con frustración y, elevando la voz, volvió a repetir: —¡Que tengo hambre! Liam se detuvo, se dio la vuelta despacio y la miró fijamente. —¿Sabes? Aquí hay una palabra que usamos mucho. Es «por favor». Miley lo sostuvo con una mirada encendida de enojo, pero el rugido de su estómago la obligó a ceder. Con evidente inconformidad, masculló: —Tengo hambre... ¿Por favor, me puedes dar algo de comer? —Pero ¿acaso no te han llevado nada? —preguntó él, conteniendo una sonrisa—. Doña Flor ya repartió el almuerzo para todos. —¡Pero esa comida no me gusta! No es saludable. Además, me llevó carne de cordero y yo soy vegana, ya te lo había dicho. —Ay, lo lamento mucho, estrellita de





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