Liam se encontraba atendiendo a los pacientes de la aldea cuando Miley, caminando con paso lento y aún muy adolorida, se le acercó.
—¡Tengo hambre! —le reclamó de manera exigente, cruzándose de brazos.
El médico hizo como si no la escuchara y continuó concentrado en su labor. Miley suspiró con frustración y, elevando la voz, volvió a repetir:
—¡Que tengo hambre!
Liam se detuvo, se dio la vuelta despacio y la miró fijamente.
—¿Sabes? Aquí hay una palabra que usamos mucho. Es «p