Miley, con el alma desgarrada por la firmeza de Liam y asfixiada por la implacable presión de su padre, tomó la decisión de regresar a su realidad. Sin embargo, antes de subir al transporte que la alejaría de Santa Elena, caminó con paso pesado hacia el consultorio improvisado. Liam se encontraba de espaldas, fingiendo una absoluta concentración mientras ordenaba unos frascos de medicamentos para ocultar el temblor de sus manos.
—¿Sabes?... Pensé que me amabas —le dijo Miley, con una triste