ADRIEL MATTIAS
Cinco hombres me apuntaban con sus armas. Parecía que ya se habían preparado para mi llegada. Levanté las manos y solté la escopeta que sostenía. Un solo movimiento en falso podía hacer que me mataran en el acto.
—Agárrenlo y llévenlo adentro —ordenó uno de los hombres.
Dos de ellos se acercaron con cautela mientras los otros tres mantenían sus rifles apuntándome. El hombre que iba al frente bajó su arma y de inmediato me sujetó las manos.
Me giraron en la dirección de donde habí