XENIA
Me quedé clavada en el lugar, incapaz de moverme, mientras miraba al hombre que caminaba hacia mí. Sonreía con suficiencia mientras aplaudía, como si acabara de ver una actuación y le hubiera gustado lo que vio.
Sostuve sin miedo su fría mirada cuando se detuvo frente a mí.
—Siempre me sorprendes, Zee. ¿Te imaginas eso? ¿De verdad lograste salir y llegar hasta aquí? —dijo con sarcasmo.
Mi mirada lo atravesó. Uno de sus hombres sostenía a mi madre, con el terror claramente reflejado en su