Anderson observaba atentamente a Alicia quien permanecía en silencio. No sabía qué decir y los labios le temblaban. No dejaba de pensar en que por fin la vida le estaba regalando algo bueno y ella lo había arruinado con sus caprichos. Anderson suspiró.
–Está bien –dijo asintiendo como si aceptara aquello que estaba pensando. Alicia lo miro confundida–. No debería estar molesto –explicó haciendo una pequeña pausa mientras pensaba en sus palabras–, también tengo algo de culpa.
–¿A qué te refiere